LA NARANJA GALÁCTICA.
Se cayó.
Aquel naranjo que nunca se movía fue ayer derribado por el viento. Y con él, la única naranja que había producido y que tanto ansiaba el dueño de dicho árbol.
Hans, el dueño del naranjo, llevó a la pequeña naranja consigo hasta su casa. La observó, la analizó y la trató de reparar. Tenía un aspecto horrible, con manchas de tierra y un gran corte en el centro, probablemente hecho a la hora de la estrepitosa caída.
Finalmente, logró darle a su pequeño fruto un aspecto más sano, aunque no consiguió hacer que fuera (ni pareciera) comestible. De modo que se le ocurrió pintarle un sombrero y un gran ojo con rotulador; así, al menos, cuando lo viera sobre la nevera, podría pensar que es la cabeza de un joven que lo mira como si flirtease, y al cual maquilló él una vez hubo fallecido.
Lo que Hans no sabía es que esta naranja se iba a descomponer, y cuando por fin logró conciliar el sueño, le despertó un olor a cadáver proveniente de la cocina. Así pues, se levantó a averiguar qué olía tan mal. Sin embargo, a medida que avanzaba hacia la cocina, el olor iba desapareciendo, por lo que Hans volvió a la cama pensando que había sido un simple sueño.
Al día siguiente se levantó con más ganas que nunca de ir al baño, y al llegar a este se encontró con que la tapa del váter estaba bajada, cuando él siempre la deja arriba (por si se le presenta una urgencia).
Al terminar de hacer sus necesidades abrió el armario para coger más papel higiénico, pero vio que estaba deshecho y que se dotaba de un olor mortífero.
Fue entonces cuando cayó en la cuenta. Había sido víctima de una broma pesada. Su maestro dijo que le iba a poner a prueba cuando menos se lo esperase, y le había intentado hacer creer que había un cadáver en su casa.
Entonces, fue a donde vivía su mentor, Obi One. Pero nada más entrar en su mansión presenció un asesinato. Obi estaba siendo convertido en fruta, y una naranja (la que crió Hans, más concretamente), se estaba volviendo humana al absorber toda la vida del propietario de la mansión.
Hans corrió por toda la casa para avisar a la mujer de Obi y a su mascota, un robot, pero en las camas lo único que vio fueron naranjas deshidratadas.
Cuando quiso volver al salón, dio con un hombre rubio con sombrero y un ojo maquillado, tal y como había creado él en su naranja. Este hombre le dijo algo así como -"vaya, vaya. Veo que ya conoces la verdad sobre tu mentor. Estaba más solo que yo en aquel árbol. ¡JAJAJAJAAAAAAAA! Solo te había engañado para que no pensaras que es un solitario pervertido. Pero ahora ya lo sabes, y todo gracias a mí: tu amigo, tu ojo derecho, ¡¡¡tu creación!!!"-.
Hans, asustado a más no poder, y afónico a causa de la tensión, le respondió -"Tú no eres real, no eres mi amigo ¡y me las pagarás!"-, a lo que el muchacho contestó con extremo sarcasmo -"¿y qué vas a hacer, llamar a la policía?"-
Pero Hans ya se había puesto en marcha, y estaba en el cuarto de Obi One con una de sus mejores armas: la fuerza. -"¡Te mataré aunque sea lo último que haga!"-, gritó espada en mano y fuerza en mente. Pero no escuchó más respuesta que un golpe seco y unas palabras extrañas provenientes de una voz femenina; algo así como "espectro patronus".
Hans bajó a ver de qué se trataba, y vio a una mujer con un palo en la mano izquierda y una naranja pelada en la derecha.
Era la mujer más sensual que había visto jamás. Pero cuando se acercó a ella para hablarle tan solo fue capaz de balbucear -"Un palo, y... y... ¡Un palo!"-. La hermosa mujer, que por cierto, se llamaba Hermione, le calmó y le hizo saber que había destruido a ese hombre volviendo a convertirlo en naranja, y que la maldad de esa naranja había sido transportada a otro planeta. Pero había algo que ni ella podía reparar: la vida de Obi One.
Sin embargo, había una forma poco ortodoxa de reanimarlo; Si Hans, su discípulo, lo besaba, entonces éste podría volver para quedarse.
Hans estuvo pensando dos segundos, y aceptó, pero al besar a su maestro, se convirtieron ambos en bellas naranjas relucientes. Y Hermione rompió a llorar, y a gritar, delirante.
Dicen las malas lenguas del espacio que aún se puede oír cómo lloran Hermione y las naranjas, y que cuando lo hacen, Mirtel la llorona ríe a carcajadas.
Relato escrito por Carlota Diez (yo) el 2 de agosto de 2014, a las 16.00. DISFRUTAD.